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viernes, 24 de septiembre de 2010

Piedras




  De las variadas cosas que comparto con mi hija, sin dudas ir al río es una de las más lindas. Un domingo de sol, una siesta de invierno, las ganas de explorar, el deseo de compartir, la risa cristalina y clara como el cauce del Calabalumba, son siempre milagros que se repiten entre madre e hija, entre esta madre y esta hija. Y por supuesto, la cámara dispuesta y el ojo atento.  Es un ritual que únicamente nosotras compartimos, acordamos en silencio a veces la estrategia y nos largamos a la caminata, que a veces es corta, a veces es larga, pero siempre se vuelve con algo nuevo, algo viejo y muchos abrojos en la ropa!
  El río pasa flaco, los fantasmas a su orilla aún muestran la furia de la última crecida fuerte, las nuevas piedras son testigos de inesperadas visitas, la antigua orilla presenta nuevas formas, los niños forman nuevos diques y algunas plantas acuáticas encuentran amorosos refugios para vivir.
  La competencia de piedras y salpicadas, el equilibrio y la risa al caer al agua, el descanso admirando el más limpio de los cielos, las ganas de saber qué habrá tras la gran piedra, la intriga de algunas pocas bateas… todo nos pertenece y por eso le rendimos homenaje, disfrutando y cuidando, por hoy y por los próximos paseos.


Arrojás una piedra y observás las ondas. Se expanden mansamente. Cabalgan, dibujan, juegan, se diluyen, llegan a una orrilla, rebotan, regresan... muchas posibilidades, verdad? y todo lo provocó una piedra y también claro está, la intensidad con que fue arrojada, aunque también, la intención.
    A lo largo de los diversos ríos, cuántas piedras arrojadas, verdad? De todos los tamaños, de todas las formas, con todas las fuerzas y debilidades posibles. Algunas con furia, otras con resignación, unas pocas con amor, otras con apenas un dejo de esperanza, pero todas con la nítida señal de provocar un movimiento, de alterar un aparente orden, de insinuar un comienzo, de presagiar un final, de detener el instante en esos círculos concéntricos que abarcan la nada y escapan de todo.
    Muchas de mis piedras llegaron al fondo sin que las ondas modifiquen ningún estado, se acumularon sistemáticamente formando un sólido muro, perfectamente encastrado, seguro, protector, aislante también.
    Algunas piedras en cambio, reprodujeron ondas perfectas, que tocaron formas que las hicieron perder su belleza pero que sin embargo conmovieron y se abrieron en abrazos azules, mis favoritos.
    Y unas pocas, se desvanecieron en tu mirada, a salvo, lejos de impurezas, seguras en tu muelle, tranquilas y en reposo, con la inmensa paz de tu forma.
    Hoy he arrojado una nueva piedra, aún veo las ondas multiplicarse, la orilla es difusa, el espejo es inmenso, pero la intensidad lo abarca todo y el juego comienza otra vez...


  Calabalumba, así se llama nuestro río, fue la hermosa india que se enamoró prohibidamente de Uritorco… pero el deseo de estar juntos pudo más y hoy el río nace de las entrañas de su amante y corre libre, aunque debe soportar, no ya la furia de un padre necio, sino la desidia de la gente que no cuida la belleza de este regalo y que, con indiferencia, mancilla velo de aquella novia inocente y descuida su esencia.

    Parafraseando a Santoro y a su poesía, me sale esta "piedra":

    Tiempo Fugaz, del Modo Eterno

 Yo soñaba
    tú perdonabas
          él mataba
               nosotros huíamos
                   vosotros reíais
                         ellos amaban.

Silvia C.

CARBÓ CARBÓ, QUE GRANDE SOS!!


Marzo del 78
Diciembre del 82

Cinco años gloriosos, dentro del imponente Alejandro Carbó. Sus escaleras de mármol me vieron subir y bajar infinidad de veces, sus patios con palos borrachos y palmeras inmensas, escucharon las carcajadas que ya desde esa época era tan sonoras, las canchas presenciaron mi patético desempeño en pelota al cesto y voley, pero nadie se aburría durante esos partidos, ja!
    Y esas aulas heladas, de bancos fijos, de techos altísimos, de pisos de madera (que ahora cada tanto se vienen abajo, los de la planta alta, obviamente) y los cubanitos Corbella (que me dieron de comer gratis más de una vez muejejeje) 
    La profe Briozzo y la profe Civallero (de matemática ambas, puaj!) la profe Maders (literatura) la profe Caviche (música, la aturdí los cinco años) la profe Oliva (geografía) la profe Tini González (castellano - amiga de mi mamá, habían hecho la secundaria juntas en Río Cuarto y se jactaba de haberme puesto un 1 grrrr... ¿será por eso que hoy les digo a mis alumnos: “la que ríe último pone el 1"?) la profe Fifa (con sus malditos esquemas de gimnasia) y otras más, cuyos apellidos se perdieron, cuyos rostros se me borraron pero que en conjunto, suman muchas historias.
    Al igual que mis compañeros, tanto de 3º 8º como de 5º 2º de quienes gracias a las fotografías difícilmente me olvide.
    Y cómo olvidarlas a ellas, las "amorosas" las chicas de la alta sociedad cordobesa que habían ido a parar 5º 2ª porque era la orientación más fácil (y bueh... era así) pero que en el fondo eran buenas chicas. Eso sí, su manera de hablar era muy particular… parecían de otro país! Mucho les preocupada el asunto del doble apellido, casi todas ellas portaban doble, y era como una cuestión de distintivo...
    Pero una vez tuvieron la desatinada idea de invitarme a un cumple y bueno, el hechizo de las carcajadas supongo o bien la intriga por lo diferente (léase freak-raro, qué tanto) les hizo pensar que no habían tenido tan mala idea después de todo... Garzón Maceda, Álvarez Rivero, De Maussion, Nores Martínez, Ruiz Moreno, Díaz Colodrero, etc etc ahhhh y por supuesto ella, M. Antonia De la Rúa, ¿quien diría que años después su tío sería presidente, eh? Pues a 5º 2º no le faltaba nada, sin dudas!!   
   Y estaba yo, lógico. Con esa obsesión del doble apellido, una de las amorosas me dijo una vez... decime Corfea (así me decían,,, qué hacerle) tu novio, qué apellido tiene? Ups qué momento. Mi novio de entonces se llamaba Alejandro Díaz, y no era cuestión de largar el Díaz así no más che, no no... así que muy tranquilamente, le dije a la amorosa... Alejandro Díaz Hábiles, esperando la reacción más brutal..la que me condenaría a los eternos infiernos nada amorosos, pero no... 
     Después de pensarlo un poco (bueno, tampoco imaginen que lo pensó una eternidad) ella dijo, amorosamente, claro pues no podía ser de otra manera... Díaz Hábiles mmm me suena pero no me sale de dónde!!! Las carcajadas sonaron mucho esa mañana en el aula de la esquina del pasillo izquierdo de la planta alta...
    Mi secundaria transcurrió durante el proceso, así que vimos algunos detalles que por entonces nuestros ojos adolescentes quizás no comprendían mucho pero que años después algunas cosas se harían nítidas con tanto revisionismo. Entonces, al recordar cuando iba a primer año que ingresaron unos hombres vestidos con ropa oscura, que sin dar explicaciones entraron a una de las divisiones de 5º año y se llevaron a un alumno, una no entendía nada, y por supuesto, nadie dijo nada. La escuela era nacional, por lo tanto, territorio de la Nación, de la Junta de Gobierno, que no era por cierto, la junta de mayo de 1810... Claro que cuando se jugó la final del mundial, en esa misma escuela nos dieron permiso para cantar y festejar y saltar, porque si no, eras un holandés... en fin.
    Otro detalle de la época era la particular mirada que hacía la dirección sobre las alumnas embarazadas... dependía el estrato social, podían continuar o no cursando la escuela, claro que eran rarezas las alumnas "encintas",  en cambio hoy no asombran a nadie...
    Era la época del cabello recogido y más vale que no te atrapara “la” García Montagno en sus recorridas por los pasillos con el pelo suelto y el flequillo rebelde… yo me sacrificaba todas las noches haciéndome la "toca" para estirar mi pelo, y que quedara más o menos presentable, sí.. la toca, no era todavía la época de la planchita Gamma, pero quedaba perfecto… hasta que me agarraba la humedad claro... También era la época del guardapolvo justo a la rodilla, las medias azules, los zapatos negros…
    Hoy, con rulos asumidos, estoy del otro lado en el aula, soy la que da la clase, pero más de una vez soy la que la recibe también, los alumnos muchas veces sorprenden con sus planteos, sus ideas, sus actitudes. Si me viera la "Chocha" Briozzo, mi inolvidable profe de matemática, de quien siempre recuerdo su mirada y sus manos cruzadas atrás, a la altura de su cintura, con sus impecables faldas marrones y sus zapatos de señora muuuy mayor y nosotros mudos, porque le teníamos esa mezcla de miedo y respeto… y si llegaba a susurrar media palabra ella me decía... ¿qué le pasa señorita Corbella? con su voz algo gangosa... decía, si me viera en alguna de mis clases, donde hay un aparente caos porque se debate, se discute, se piensa, se escribe, se habla y se van formando librepensadores a quienes tengo el privilegio de acompañar y ver crecer y madurar... se caería de espaldas seguramente pero antes me diría... “señorita Corbella, ¿qué es este desorden?” La misma frase que me decía cuando me entregaba mi evaluación donde la mayoría de los ejercicios estaban mal... 
    El Carbó también me recibió como estudiante del profesorado de Castellano, Literatura y Latín, ya tenía decidido desde siempre lo que quería hacer, después de descartar por cierto arqueología, veterinaria, monja, actriz y alguna más que no recuerdo ahora…
    Cuando voy a Córdoba en el bus diferencial, su recorrido transita por la avenida Colón y mi mirada se posa en el centenario edificio y la mente se va, por instantes, a momentos bien atesorados, bien nítidos de mi lejana secundaria y veo a los actuales alumnos entrando y saliendo, sentados en la misma escalera de la foto, y me pregunto si las viejas paredes, los pisos de madera, los añosos árboles, los pasillos interminables serán disfrutados, saboreados, capturados como propios, como los guardianes del tiempo más hermoso...
    Carbó Carbó, que grande sos...
    Mi humilde homenaje a esa promoción 82 de 5º 2º, a todos los nombrados y a los que no… y a vos, escuela querida!!!!

Silvia C.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Cosas de perros... humanos abstenerse

A veces, algunos juegan con las formas de la amistad, otros con las del amor, y algunos más con las del compañerismo. Y cual lente de caleidoscopio distorsionan lo evidente para volverlo obtuso y sacar mezquina ganancia, como el pescador en el río revuelto. Pero ese es otro asunto, que quizás salga a la luz en este espacio, algún día.



Me paso buenos momentos mirando cómo juegan mis perros, los más cachorros, Tobías y Tiana, devenidos simplemente en Toto y Tota. El ritual del juego siempre lo inicia Tota, o la percherona, como la bautizó mi amiga Claudia. Todo vale para captar la atención del macho: pasar por delante con el conejito de felpa, o con alguna pantufla robada, o con metros de papel higiénico capturado en el instante en que la puerta del baño no se cerró, o con el repasador olvidado en una silla, o una de las piedras que adornan la biblioteca de la docente que habita este mundo extraño… lo dicho: todo vale. Y el poder femenino de la seducción es sobrenatural, sin dudas… el macho sucumbe por fin y comienza a perseguirla, sabiendo que la percherona no es fácil de engañar… y claro, es fémina al fin en su esencia, no?

¿Se imaginan los juegos de los humanos como los de los niños o los de mis cachorros? Con esa inocencia natural, con la picardía basada en el fin único de divertirse, de compartir la inmensidad de un sonrisal sin límites… entiendo, es imposible de imaginar viendo este mundo y sus fotografías del horror… pero bueno, algunas hay aún de las otras, sí señores… fotos de afectos, ya sean digitales, mentales, personales... 

Siempre digo que mientras más conozco a la gente, más quiero a Bruna, mi perra vieja que, con su naricita rota de tanto rascarse en el almohadón, aún busca su pelota para invitarme a jugar. Quitarle su almohadón sería una crueldad pero evitaría que se lastime... qué dilema ¿verdad?

Y me pregunto qué pasaría si quito los almohadones de varios afectos, ¿cómo quedaría mi nariz? ¿cuáles serían sus efectos? ¿acaso sirve estar atajándose siempre? ¿filtrándolo todo para amortiguar y dejar pasar? Y diría que no, mucho no sirve, ni de un lado ni de otro, entonces, ¿qué nos hace actuar así en vez de deponer armas, sonreír y preguntar “qué pasa”? Qué ME hace actuar así… Es conocida mi frialdad, mi incapacidad para pedir perdón, mi falta de sensibilidad en algunas decisiones, mi parca actitud cuando se espera de mí un abrazo.

 Hay algunos NO muy saludables, es cierto, pero otros parecen ser salidas fáciles, por la puerta trasera, sin dejar huella ni aroma, sin dejar posibilidad de replantear, sin dejar un hilo como para retomar el camino. No hablo de esos NO, sino de aquellos que dan por finalizada una etapa, aquellos que señalan un límite, aquellos que diferencian un yo de un vos, aquellos que marcan pero para indicar que el aprendizaje se efectuó en el más profundo acto de amor, aunque eso signifique la renuncia.

 Estoy diciendo algunos NO, con varios me siento reconfortada, con otros no tanto pues aún resisto, aún les veo una onda más en el agua cuando se les arroja la piedra, aún percibo que los letargos son apenas un alto, para reacomodar los sentimientos y las acciones, antes de detenerlo todo.

Son un tesoro, sin dudas, y sé que los cuido y los descuido, que los acerco y los alejo, será quizás entonces que me tiembla  el mundo, que se abren cráteres de donde erupcionan helados fuegos que pocos comprenden, que se provocan grietas que parecen succionarlo todo y se cierran ocultando el misterio sin respuesta, que las miradas se apagan, que las manos pierden su tacto, que la voz se quiebra, que los abrazos no dados superan escandalosamente a los dados pero aún son. Sí. Son mis afectos.

 Y mi nariz sigue olfateándolos, aunque también a veces la hundo en el almohadón y no digo nada, lloro bajito en ocasiones y en otras, simplemente dejo que las cosas ocurran, sin intervenir mucho.

 Acaba de asomar el sol, cierta tibieza atraviesa el vidrio, cierto gusto amargo acaba de atravesar mi corazón. Algunas cosas deben ser enfrentadas, sin dudas, hacerse cargo de lo que se siente y tirar el almohadón. No debe ser tan duro el golpe, no tanto al menos como para no poder pasarlo de pie, como para no poder abrir los brazos y percibir los límites del otro muy cerca de los propios para tener esa sensación de unicidad por un instante precioso, donde todo se ordena una vez más…

Sólo tenía ganas de jugar un rato, de dejar las ironías de lado y de disfrutar lo creado y la creación, aunque en mi agnosticismo, prefiero la re-creación. Amén. Y a otro perro con ese hueso...

Silvia C.


El extraño caso de la Sra Titi y el Dr Alzehimer

  Mis alumnos de sexto año A promo 2009 leyeron la novela de Stevenson (El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde) y su repercusión fue variada, ya sea por la temática, por el estilo, por el final, pero a casi todos dio bastante tela para cortar. Se engancharon un poco más cuando les llevé las traducciones de algunas canciones de grupos del rock pesado británico como The Who y otro impronunciable para mí,  donde el tema se reflota con la evidente analogía de la droga como la pócima que hace salir ese Hyde que todos llevamos dentro pero que mantenemos sofocado en un equilibrado juego de moral deber ser y de instintos. Casi todos coincidieron en que el autor se preocupó en mostrar ambos lados de la misma moneda, aunque la mayoría de las veces cae siempre del mismo lado y por consiguiente, es el que vemos. 
  Linda salió la clase por cierto. Los jóvenes siempre sorprenden y eso sigue siendo hermosamente disfrutable. Claro que debí esperar bastante  la entrega de los informes pero ese es otro cantar...
  En mi casa había otro caso extraño, el de la sra. Titi, mi madre. No sé si tan notable como el de Stevenson pero sí con repercusiones drásticas (por la inexorabilidad) cómicas (por las inesperadas palabras) tristes (por la degradación) agobiantes (por la nulidad de posibilidades).
  La Sra. Titi se despertaba, tomaba sus pastillas, ponía sus pies en sendas pantuflas, buscaba la ropa, lavaba su cara, acomodaba su blancas ondas y se dirigía hacia el comedor-cocina, allí soltaba un saludo neutro: buen día ¿hay sol? Se dirigía hacia la pequeña cocina, preguntaba si tomábamos mates o si primero lavaba los platos (en mi cocina, los platos de la cena se lavan al día siguiente) y la opción era siempre tomar unos amargos muy ricos que cebó cada mañana durante casi dos años. Cuando acercaba el primer mate solía invitarla a ver unas fotos en la pantalla de la PC y siempre se asombraba con este aparato. El mate comenzaba a deambular de la mano de la madre a la mano de la hija, volvía a preguntar si hay sol, buscaba una vez más  la canilla del agua caliente que había abierto unos minutos antes y convidaba pan a Bruna (la perra vieja) por más que a diario le decíamos que no comía pan.
  Si era domingo, iba hacia el cuarto de Aldana (mi hija) y me contaba a su regreso que "el muñeco" dormía muy tranquilamente y agregaba por lo bajo: no sé que tengo con ese chico que lo quiero tanto...
  El mate seguía de mano en mano e inesperadamente el Dr. Alzheimer se asomaba y me decía: “sé que te he visto antes, lo que no entiendo es por qué estás sentada en el lugar donde esta mañana estaba la otra señora tomando mates...” y volvía hacia la cocina a cebar el último mate de la mañana…

…

  La Enfermedad de Alzheimer, la causa más frecuente de demencia en los ancianos, es un trastorno grave, degenerativo, producido por la pérdida gradual de neuronas cerebrales, cuya causa no es del todo conocida. Se trata de una enfermedad muy rara en los pacientes jóvenes, ocasional en los de mediana edad y más frecuente a medida que se cumplen años. La enfermedad afecta a las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje. Aunque cada día se sabe más sobre la enfermedad, todavía se desconoce la causa exacta de la misma y no se dispone de un tratamiento eficaz. Es una enfermedad particularmente devastadora, ya que la familia del paciente por lo general deberá resistir dos pérdidas diferentes: en primer lugar, la desaparición de la personalidad que ellos conocen y, finalmente, la muerte de la persona. La pena se experimenta dos veces. Nadie debería resistir tal agonía solo. Pocas enfermedades afectan tanto a un paciente y a su familia, por un período de tiempo tan largo, como el mal de Alzheimer. La depresión, la empatía, el agotamiento, la culpa y la ira pueden crear caos para el individuo normalmente sano enfrentado con la atención de un ser querido que sufre de esta enfermedad.

...
    Ahá, es  así no más. Un día te das cuenta que no debés retarla, que no es que se haya olvidado porque  está poniéndose vieja, que no hace lo que debería por distraída, o porque ya no escucha bien, sino sencillamente porque está enferma. Asumirlo lleva, supongo, el tiempo proporcional a darse cuenta, a  cambiar los planes y planos, a tomar la responsabilidad de una vida que me sugiere la cercanía con la película del B Buttons, El diario de Noah, y es algún aspecto,  ponerse en el lugar del otro... si yo estuviera enferma gravemente, ella y nadie más que ella me cuidaría, me amaría hasta el final, me daría todo el amor y más, no me abandonaría. Y como soy el producto de lo que ella hizo, mal que le pese a muchos y a mí misma (muejeje) convivo hoy con el alemán, amante complicado si los hay eh?
   Amar en la locura no puede ser tan distinto a amar en la sanía, creo yo... ¿no dicen por ahí que el amor es una forma de locura? ¿donde la razón no encuentra cabida? qué se yo...
   Ya no soy reconocida como hija, apenas como una presencia que está, que aún la hace reír, que le devuelve cada aspecto de su locura con un "pero Titi mirá las cosas que se te ocurren" y me retiro despacito, con el alma rota, con las manos impotentes, con las decisiones alteradas, con una vida reemplazada. Claro!! Justamente, de eso se trata, una intrusa habita en su cuerpo, un demonio que escapa a todo exorcismo, un ángel rebelde que demuestra ser más divino que la divinidad misma, sea eso lo que quiera que fuese, en la eternidad de los tiempos.
  Ah sí, el tiempo. Inmanejable, inasible, inconquistable, inasequible, in no más. No se paren, no se maten, sólo es una forma más de demorarse (cantaba el Juanca Baglietto en algún tiempo) y no hay rima que rime con vivir, ¿cómo que no? MORIR.
   Jamás pude ganarle en un crucigrama, jamás en la cantidad de horas de lecturas compartidas, allá en la casa de Cordoba, jamás en las anticipaciones de lo que me ocurriría (y efectivamente ocurrió) jamás en las asertivas observaciones de la realidad, jamás. Tampoco hoy, puedo ganar. Sólo iluminarla con mis carcajadas tan famosas, perfumarla con los besos repetidos, abrazarla con las más variadas ocurrencias para que pueda sobreponerse  a su enemigo sin doblegarse todavía.
  Complicado es el amor de madre a hija, sobre todo cuando los roles se invierten, pues todos los límites pierden su fortaleza, el objeto y el destino del amor se confunden, la opresión del alma mitiga recuerdos y propicia espacios nuevos donde uno redescubre sensaciones inusitadas, las acciones se convierten en generosas, pero también en la insatisfacción de no poderlo todo...
   Merde, extraño el papel en este momento en que tipeo, pues se verían las sutiles elevaciones que en la hoja provocan las gotas que ruedan por mis mejillas ahora mismo. 
   Compartir el otro lado de la alegría, me escribió una amiga hace un rato en msn... mmm ese lado oscuro que intento siempre procurar que no se note, que hace anular la capacidad de pedir, que fabrica los famosos mundos sutiles, ingrávidos y gentiles del Nano Serrat donde yo tengo una morada personal, negada a compartirla por necedad no más!
   Mami, ¿vamos a jugar? daleeeeeeeeeeeeee ¿hace cuánto que no jugamos? Seguro que hoy la que gana soy yo!!!!!!

…

19 de noviembre de 2009: Titi y el Dr Alzehimer se alojaron en el geriátrico y más de una vez, en el transcurso de la visita, me dicen… “¿y esa señora con la que yo vivía, anda bien?”

Silvia C.

ACME (dibus a la hora de la siesta)


Pensarlo es un inevitable viaje a la infancia, allá en la ciudad de Córdoba, con todo lo que ello implica: madre ausente por el trabajo, sombra de padre, hermano mayor a cargo, siestas de locuras, conjuros impronunciables en el techo de la vieja casa, escapadas a Barrio Parque en la bici y luego abandonarlo todo a la hora de los dibus, pero más que nada, a la hora del Coyote.

    La infinita fábrica ACME, cuyo mejor producto fue la imaginación inmensa e inagotable del adorable personaje, fue siempre un misterio, un templo, un agujero en el tiempo, un portal a otros mundos, un espacio donde se podía habitar lejos de gritos, golpes, abusos, silencios, desafectos.

    La mágica y contagiosa canción de presentación ya predisponía para un paréntesis donde lo único que importaba era ser testigo privilegiado de la esperanzada ocasión en la que el correcaminos sería atrapado  finalmente. Pero esto nunca ocurría y una se quedaba con ese sabor de que cada intento había valido la pena y que habría muchos más, seguramente. Por eso es mi ídolo, jamás dejó de perseguir ¿la gloria ni dejar en la memoria de los hombres su canción? Oh dioses!!! comenzó el desvarío, perdón. Ya sabe Ud que la música siempre se cuela entre mis palabras así, sin permiso, sin-vergüenza.

    Esos pasitos en puntas de pie, esos ojitos que miraban de reojo buscando mi complicidad, esas manitos refregándose casi acariciando la gloria, no son imágenes fácilmente olvidables para quien se pasaba un momento perfecto frente a la caja re boba bobeando (y por supuesto!)  pero con la certeza de que su ídolo jamás abandonaría los intentos.

    Juro que lo intenté también. Y con todos los recursos de la imaginación más algunos aditamentos de la realidad. Lo intenté mucho o poco, con pasión o correctamente, pero lo intenté. Un analista diría ¿pero lo intentó lo suficiente? ¡Y a ud qué le importa! sería la respuesta adecuada. Somos dueños de nuestros intentos de la misma manera que de sus intensidades y alcances, ¿le satisface eso como réplica?

    Corre-caminos, que el Coyote te va a comer…

    Sí, lo asumo, huir y esconderse, oh qué novedad!  pero no como en el juego, el que no se escondió se embromó, sino al abrigo de la cueva, al amparo de una imagen (patito-feo, ha dicho ella, la otra Silvia, mmm qué insolente por favor,  no?)

    ¿Acaso la fábrica esconde su mejor invento y aún no ha sido dado a conocer? Las viejas fórmulas se ven disueltas, vencidas o descubiertas y el reactivo es tan efectivo, tan sintético, tan fulminante (espero contar con ud, ha dicho él, hoy... ¿casualidad? no sé... ¿determinante? es probable…)

    ¿Qué pasaría si uno dejara de correr por un rato? La vida no se detendría, lógico, hablo más bien de congelar la escena, imaginar que finalmente el coyote obtiene su trofeo… ¿qué sucedería entonces? ¿Tan terrible podría ser?   Sería el fin de toda ilusión...       

    El ánimo flotaría quizás inesperado, preocupante, desconocido, sorprendente, gratificante, doloroso, complaciente, y seguramente uno se daría cuenta por fin que creció... ¿hacia dónde?

    Ahora bien, ¿coyote o corre-caminos? ¿de quién se huye? ¿a quién se corre? Ah!! los intentos vanos de explicar lo inexplicable o de hacer complicado lo simple o de no ver lo que se tiene ante los ojos. Puesto así, enrevesado y confuso, suena a … no, no podría ser ja.

    Por ahí escribió alguien que siempre se desea recuperar lo perdido en la infancia y he porfiado que no es así, que crecer significa dejar, no recuperar; es reinventar, reemplazar, recrear tal vez. ¿Y si incurriera en el error? Pero ¿y si crecer fuera volver al estado de la niñez, donde la placidez de una caricia calmaba todo dolor, donde la promesa de un caramelo era la magia más poderosa, donde la travesura más impensada nos embriagaba de felicidad a pesar de los retos y castigos?… si de verdad digo, fuera eso… ¿cuándo dejaría de ser adolescente?

    Deseo… dice el genial Pedro Guerra y canta más o menos lo que sigue… Te seguiré hasta el final // te buscaré en todas partes // bajo la luz y las sombras // y en los dibujos del aire // Te seguiré hasta el final // te pediré de rodillas // que te desnudes amor // te mostraré mis heridas // Y con las luces del alba // antes que tú te despiertes // se hará ceniza el deseo // me marcharé para siempre.

...

    Pero y ¿si no deseara marcharme? ¿si por fin recuperé lo perdido? Habré sabido por qué me he vuelto loca… (a buen entendedor)

…

Corre-caminos bip bip el coyote te va a comer…

Silvia C.