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sábado, 25 de septiembre de 2010

OBNI vs ovni



¿Los perros serán de otro planeta? Digo, son tan inocentes, tan fieles, tan faltos de maldad… que no parecen de este mundo. Y si no, mire la foto… Tota dormida sobre el teclado… en una analogía con Ud, lector, que se debe dormir a veces mirando este blog…
Y hablando de otros mundos… ¿habrá vida en otros mundos? ¿Cuántas fotos andan  por ahí con algún tipo de marca que indica que hay algo más allá de acá? ¿Cuántas, quizás, lo habrán hecho dudar de la existencia o no de las famosas naves? ¿Quién por ahí no conoce a alguna persona que haya hablado de alguna experiencia del segundo o del tercer tipo? ¿Y quién no ha contado alguna vez que bajó a la ciudad de Erks? (ciertamente, hay de todo)
El oscuro asunto tendrá tantas aristas como personas hablen de él y eso es lo bueno, pues el día que alguien imponga la única verdad, estaremos verdaderamente fritos (¿o freídos?)
Sin dudas vemos aquello (y a aquellos) que deseamos ver, y si no lo vemos lo inventamos, qué tanto, para eso estamos dotados de (¿o con?) una imaginación inagotable y con el "bonus track" (homenajeando el hermoso texto de la globalización del negro Fontanarrosa) de que así lo vemos a nuestra imagen y semejanza, sin posibilidad de crítica alguna, a la medida hiperajustada de nuestras más íntimas necesidades.
Ahora bien, ¿qué serán los objetos que creemos ver? Según Saint-Exupèry, todo depende del cristal con que se mire... pobres de aquellos, entonces, que como yo, posean cristales extra, tipo culo e`boteia delante de sus ojos…
 Fuime de tema, pero retomando el asunto, ¿vemos el objeto realmente? ¿no será que a veces vemos tan sólo las modificaciones que ese objeto provoca en nosotros? Bah, qué se yo, tanto conversar con lacanianos me debe estar haciendo mal jajaja.
Pero a veces se siente esa necesidad de mirarse, de reconocerse, de dejar los objetos de lado, de buscar qué más hay, quién sabe, hasta puede sorprendernos. Y esto es complicado de llevar a cabo (o a rabo) si se la pasa uno mirando mucho "ovni" (objeto volátil no inventado) dando vueltas, no?
Además, sí, siempre hay un además, está la percepción que los demás tienen de uno, esa parte de la información que no siempre manejamos con fidelidad y sonido surround (qué tal eh?) pues nos llega distorsionada según la necesidad... y claro, cada cual  tendrá su necesidad particular, entonces la persona en cuestión disfruta o no de lo que ve en uno y acorde con eso, habrá sintonía o distonía y cuando esto último ocurre, ahí será cuando nos enojemos y seguro más de uno dirá probablemente "pero ¿qué hice ahora?"
Hoy por hoy abunda la distonía en la vida y en la mía no es excepción esta sentencia, ¿será, en todo caso, la crisis de los 40 que me llega con 5 años de retardo? ¿Seré retardada? O simplemente ¿estaré fuera de tiempo? Las más de las veces siento que las cosas ocurren bastante tiempo después de los plazos personales esperados o simplemente no ocurren, o no lo capto lo cual es altamente probable porque ¿me la paso mirando "ovnis"?
Menos mal que están tus ojos, que siempre me recuerdan por dónde debo ir y cada cuánto debo detenerme a restregar (refregar me suena a lavar, o peor aún, a esa atrevida connotación sexual) los míos, hacerlos pequeñitos y enfocar ese detalle que me estoy perdiendo de disfrutar.
Por eso decreto que se tenga en cuenta el OBNI en lugar de tanto “ovni” que anda dando vueltas por ahí engatusando gente,  así se renueva ese amor primigenio por uno mismo ¿o la caridad acaso no empieza en casa?
Probar no hace daño. El daño está en el uso abusivo dicen por ahí, o cuando se pierde el disfrute porque ganó terreno el hastío y es bien sabido que por  más que se intente, el vacío parece no llenarse nunca (y el que descubra acá la falacia, tendrá mi admiración)
Así que a probar entonces el OBNI y ver qué pasa… o de lo contrario, a dormir el sueño de  los justos… o seguir esperando a que un ovni aterrice en el patio… lo que ocurra primero.


Silvia C.


P/D: OBNI: Observar Bien Nuestro Interior

viernes, 24 de septiembre de 2010

Hagamos con tacto (...)


Palabras más palabras 
menos, al final el resultado es el mismo: negociar en estos tiempos posmodernos no es cosa sencilla y si no, baste observar el crecimiento poblacional de gente solitaria por encima de la gente gregaria, que no es lo mismo que vinculada... ¡para más datos hasta yo tengo un blog! y quizás se convierta en la premonitoria venganza de un vínculo muy intenso pero también muy oscuro. Y ya se sabe, cuando la oscuridad todo lo invade, se impone con desesperación que aparezca un haz de luz. Ahora bien, ¿quién puede ver el sol? ¿y quién ve el espejo? Entonces, ¿vemos lo que queremos ver realmente? A todo esto, por dónde íbamos? Sí, negociar. Diría Sor Juana, ¿quién es más culpable, la que peca por la paga o el que paga por pecar? Hombres necios que acusáis… Uno de mis vínculos tiene en su estado del msn una linda frase, que versa más o menos así: las cosas no valen por el tiempo que duran sino por las huellas que dejan. Sabido es que los caminos con insondables e inescrutables y por demás heréticos si se transitan a solas y a oscuras pero entonces ¿por qué tantos peregrinos deciden la soledad como el camino más seguro? ¿Es porque no hay otra bifurcación o porque el temor invade e inmoviliza?  ¿Comprometerse es resultado garantido de sufrir? ¿Se tiene la plena certeza de que no nos bañaremos dos veces en las aguas del mismo río? ¿Perdemos dos veces a la misma persona? ¿Amamos dos veces de manera inmutable? ¿Miramos dos veces la misma imagen? Seguramente que no, entonces… es posible rodear, cercar, limitar, dosificar la capacidad de amar? A todo esto, ¿alguien sabría decir si es posible amar en los tiempos posmodernos?  Y más aún, ¿a cuántas personas le soltó Ud la mano en lo que va del día? Ah está contando eh? Hagamos como los caracoles... vayamos despacito y haciendo contacto con el que está al lado y no del otro lado... si?

Silvia C.
                                 

jueves, 23 de septiembre de 2010

Cosas de perros... humanos abstenerse

A veces, algunos juegan con las formas de la amistad, otros con las del amor, y algunos más con las del compañerismo. Y cual lente de caleidoscopio distorsionan lo evidente para volverlo obtuso y sacar mezquina ganancia, como el pescador en el río revuelto. Pero ese es otro asunto, que quizás salga a la luz en este espacio, algún día.



Me paso buenos momentos mirando cómo juegan mis perros, los más cachorros, Tobías y Tiana, devenidos simplemente en Toto y Tota. El ritual del juego siempre lo inicia Tota, o la percherona, como la bautizó mi amiga Claudia. Todo vale para captar la atención del macho: pasar por delante con el conejito de felpa, o con alguna pantufla robada, o con metros de papel higiénico capturado en el instante en que la puerta del baño no se cerró, o con el repasador olvidado en una silla, o una de las piedras que adornan la biblioteca de la docente que habita este mundo extraño… lo dicho: todo vale. Y el poder femenino de la seducción es sobrenatural, sin dudas… el macho sucumbe por fin y comienza a perseguirla, sabiendo que la percherona no es fácil de engañar… y claro, es fémina al fin en su esencia, no?

¿Se imaginan los juegos de los humanos como los de los niños o los de mis cachorros? Con esa inocencia natural, con la picardía basada en el fin único de divertirse, de compartir la inmensidad de un sonrisal sin límites… entiendo, es imposible de imaginar viendo este mundo y sus fotografías del horror… pero bueno, algunas hay aún de las otras, sí señores… fotos de afectos, ya sean digitales, mentales, personales... 

Siempre digo que mientras más conozco a la gente, más quiero a Bruna, mi perra vieja que, con su naricita rota de tanto rascarse en el almohadón, aún busca su pelota para invitarme a jugar. Quitarle su almohadón sería una crueldad pero evitaría que se lastime... qué dilema ¿verdad?

Y me pregunto qué pasaría si quito los almohadones de varios afectos, ¿cómo quedaría mi nariz? ¿cuáles serían sus efectos? ¿acaso sirve estar atajándose siempre? ¿filtrándolo todo para amortiguar y dejar pasar? Y diría que no, mucho no sirve, ni de un lado ni de otro, entonces, ¿qué nos hace actuar así en vez de deponer armas, sonreír y preguntar “qué pasa”? Qué ME hace actuar así… Es conocida mi frialdad, mi incapacidad para pedir perdón, mi falta de sensibilidad en algunas decisiones, mi parca actitud cuando se espera de mí un abrazo.

 Hay algunos NO muy saludables, es cierto, pero otros parecen ser salidas fáciles, por la puerta trasera, sin dejar huella ni aroma, sin dejar posibilidad de replantear, sin dejar un hilo como para retomar el camino. No hablo de esos NO, sino de aquellos que dan por finalizada una etapa, aquellos que señalan un límite, aquellos que diferencian un yo de un vos, aquellos que marcan pero para indicar que el aprendizaje se efectuó en el más profundo acto de amor, aunque eso signifique la renuncia.

 Estoy diciendo algunos NO, con varios me siento reconfortada, con otros no tanto pues aún resisto, aún les veo una onda más en el agua cuando se les arroja la piedra, aún percibo que los letargos son apenas un alto, para reacomodar los sentimientos y las acciones, antes de detenerlo todo.

Son un tesoro, sin dudas, y sé que los cuido y los descuido, que los acerco y los alejo, será quizás entonces que me tiembla  el mundo, que se abren cráteres de donde erupcionan helados fuegos que pocos comprenden, que se provocan grietas que parecen succionarlo todo y se cierran ocultando el misterio sin respuesta, que las miradas se apagan, que las manos pierden su tacto, que la voz se quiebra, que los abrazos no dados superan escandalosamente a los dados pero aún son. Sí. Son mis afectos.

 Y mi nariz sigue olfateándolos, aunque también a veces la hundo en el almohadón y no digo nada, lloro bajito en ocasiones y en otras, simplemente dejo que las cosas ocurran, sin intervenir mucho.

 Acaba de asomar el sol, cierta tibieza atraviesa el vidrio, cierto gusto amargo acaba de atravesar mi corazón. Algunas cosas deben ser enfrentadas, sin dudas, hacerse cargo de lo que se siente y tirar el almohadón. No debe ser tan duro el golpe, no tanto al menos como para no poder pasarlo de pie, como para no poder abrir los brazos y percibir los límites del otro muy cerca de los propios para tener esa sensación de unicidad por un instante precioso, donde todo se ordena una vez más…

Sólo tenía ganas de jugar un rato, de dejar las ironías de lado y de disfrutar lo creado y la creación, aunque en mi agnosticismo, prefiero la re-creación. Amén. Y a otro perro con ese hueso...

Silvia C.


El extraño caso de la Sra Titi y el Dr Alzehimer

  Mis alumnos de sexto año A promo 2009 leyeron la novela de Stevenson (El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde) y su repercusión fue variada, ya sea por la temática, por el estilo, por el final, pero a casi todos dio bastante tela para cortar. Se engancharon un poco más cuando les llevé las traducciones de algunas canciones de grupos del rock pesado británico como The Who y otro impronunciable para mí,  donde el tema se reflota con la evidente analogía de la droga como la pócima que hace salir ese Hyde que todos llevamos dentro pero que mantenemos sofocado en un equilibrado juego de moral deber ser y de instintos. Casi todos coincidieron en que el autor se preocupó en mostrar ambos lados de la misma moneda, aunque la mayoría de las veces cae siempre del mismo lado y por consiguiente, es el que vemos. 
  Linda salió la clase por cierto. Los jóvenes siempre sorprenden y eso sigue siendo hermosamente disfrutable. Claro que debí esperar bastante  la entrega de los informes pero ese es otro cantar...
  En mi casa había otro caso extraño, el de la sra. Titi, mi madre. No sé si tan notable como el de Stevenson pero sí con repercusiones drásticas (por la inexorabilidad) cómicas (por las inesperadas palabras) tristes (por la degradación) agobiantes (por la nulidad de posibilidades).
  La Sra. Titi se despertaba, tomaba sus pastillas, ponía sus pies en sendas pantuflas, buscaba la ropa, lavaba su cara, acomodaba su blancas ondas y se dirigía hacia el comedor-cocina, allí soltaba un saludo neutro: buen día ¿hay sol? Se dirigía hacia la pequeña cocina, preguntaba si tomábamos mates o si primero lavaba los platos (en mi cocina, los platos de la cena se lavan al día siguiente) y la opción era siempre tomar unos amargos muy ricos que cebó cada mañana durante casi dos años. Cuando acercaba el primer mate solía invitarla a ver unas fotos en la pantalla de la PC y siempre se asombraba con este aparato. El mate comenzaba a deambular de la mano de la madre a la mano de la hija, volvía a preguntar si hay sol, buscaba una vez más  la canilla del agua caliente que había abierto unos minutos antes y convidaba pan a Bruna (la perra vieja) por más que a diario le decíamos que no comía pan.
  Si era domingo, iba hacia el cuarto de Aldana (mi hija) y me contaba a su regreso que "el muñeco" dormía muy tranquilamente y agregaba por lo bajo: no sé que tengo con ese chico que lo quiero tanto...
  El mate seguía de mano en mano e inesperadamente el Dr. Alzheimer se asomaba y me decía: “sé que te he visto antes, lo que no entiendo es por qué estás sentada en el lugar donde esta mañana estaba la otra señora tomando mates...” y volvía hacia la cocina a cebar el último mate de la mañana…

…

  La Enfermedad de Alzheimer, la causa más frecuente de demencia en los ancianos, es un trastorno grave, degenerativo, producido por la pérdida gradual de neuronas cerebrales, cuya causa no es del todo conocida. Se trata de una enfermedad muy rara en los pacientes jóvenes, ocasional en los de mediana edad y más frecuente a medida que se cumplen años. La enfermedad afecta a las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje. Aunque cada día se sabe más sobre la enfermedad, todavía se desconoce la causa exacta de la misma y no se dispone de un tratamiento eficaz. Es una enfermedad particularmente devastadora, ya que la familia del paciente por lo general deberá resistir dos pérdidas diferentes: en primer lugar, la desaparición de la personalidad que ellos conocen y, finalmente, la muerte de la persona. La pena se experimenta dos veces. Nadie debería resistir tal agonía solo. Pocas enfermedades afectan tanto a un paciente y a su familia, por un período de tiempo tan largo, como el mal de Alzheimer. La depresión, la empatía, el agotamiento, la culpa y la ira pueden crear caos para el individuo normalmente sano enfrentado con la atención de un ser querido que sufre de esta enfermedad.

...
    Ahá, es  así no más. Un día te das cuenta que no debés retarla, que no es que se haya olvidado porque  está poniéndose vieja, que no hace lo que debería por distraída, o porque ya no escucha bien, sino sencillamente porque está enferma. Asumirlo lleva, supongo, el tiempo proporcional a darse cuenta, a  cambiar los planes y planos, a tomar la responsabilidad de una vida que me sugiere la cercanía con la película del B Buttons, El diario de Noah, y es algún aspecto,  ponerse en el lugar del otro... si yo estuviera enferma gravemente, ella y nadie más que ella me cuidaría, me amaría hasta el final, me daría todo el amor y más, no me abandonaría. Y como soy el producto de lo que ella hizo, mal que le pese a muchos y a mí misma (muejeje) convivo hoy con el alemán, amante complicado si los hay eh?
   Amar en la locura no puede ser tan distinto a amar en la sanía, creo yo... ¿no dicen por ahí que el amor es una forma de locura? ¿donde la razón no encuentra cabida? qué se yo...
   Ya no soy reconocida como hija, apenas como una presencia que está, que aún la hace reír, que le devuelve cada aspecto de su locura con un "pero Titi mirá las cosas que se te ocurren" y me retiro despacito, con el alma rota, con las manos impotentes, con las decisiones alteradas, con una vida reemplazada. Claro!! Justamente, de eso se trata, una intrusa habita en su cuerpo, un demonio que escapa a todo exorcismo, un ángel rebelde que demuestra ser más divino que la divinidad misma, sea eso lo que quiera que fuese, en la eternidad de los tiempos.
  Ah sí, el tiempo. Inmanejable, inasible, inconquistable, inasequible, in no más. No se paren, no se maten, sólo es una forma más de demorarse (cantaba el Juanca Baglietto en algún tiempo) y no hay rima que rime con vivir, ¿cómo que no? MORIR.
   Jamás pude ganarle en un crucigrama, jamás en la cantidad de horas de lecturas compartidas, allá en la casa de Cordoba, jamás en las anticipaciones de lo que me ocurriría (y efectivamente ocurrió) jamás en las asertivas observaciones de la realidad, jamás. Tampoco hoy, puedo ganar. Sólo iluminarla con mis carcajadas tan famosas, perfumarla con los besos repetidos, abrazarla con las más variadas ocurrencias para que pueda sobreponerse  a su enemigo sin doblegarse todavía.
  Complicado es el amor de madre a hija, sobre todo cuando los roles se invierten, pues todos los límites pierden su fortaleza, el objeto y el destino del amor se confunden, la opresión del alma mitiga recuerdos y propicia espacios nuevos donde uno redescubre sensaciones inusitadas, las acciones se convierten en generosas, pero también en la insatisfacción de no poderlo todo...
   Merde, extraño el papel en este momento en que tipeo, pues se verían las sutiles elevaciones que en la hoja provocan las gotas que ruedan por mis mejillas ahora mismo. 
   Compartir el otro lado de la alegría, me escribió una amiga hace un rato en msn... mmm ese lado oscuro que intento siempre procurar que no se note, que hace anular la capacidad de pedir, que fabrica los famosos mundos sutiles, ingrávidos y gentiles del Nano Serrat donde yo tengo una morada personal, negada a compartirla por necedad no más!
   Mami, ¿vamos a jugar? daleeeeeeeeeeeeee ¿hace cuánto que no jugamos? Seguro que hoy la que gana soy yo!!!!!!

…

19 de noviembre de 2009: Titi y el Dr Alzehimer se alojaron en el geriátrico y más de una vez, en el transcurso de la visita, me dicen… “¿y esa señora con la que yo vivía, anda bien?”

Silvia C.

Con valor, Susvin culos rompió...


     Semejantes o diferentes, afines o antagónicos, grandes o pequeños, jóvenes o viejos, muchos o pocos, unidireccionales o multi... ¿cuál es la fórmula que asegura el éxito y la perdurabilidad en y de los vínculos? ¿Alguien sabe? Se aceptan donaciones de ideas jajaja.
    Lo cierto es que cada vínculo exige lo propio y por ahí le ponemos el piloto automático descansando en la inmutabilidad de los estados y oh!! sorpresa, estalla ante nuestros ojos el big bang que lejos de crear un universo crea un caos del cual, en algunos casos, no reconocemos filiación alguna.
    Los estados vinculares ofrecen un abanico interesante de posibilidades que permiten movernos de diferentes maneras, clásica o novedosa, comprometida o desapegada, sólida o liviana, leal o "abierta a nuevas experiencias", virtual o real. Tienen en común la necesidad del otro, abarcando un sinnúmero de causas por las cuales se requiere, se necesita, se fagocita, se simbiotiza la presencia de ese Otro pero sin dudas tendrán, cada una, la particularidad que otorga el caudal que se esté dispuesto a dar y sobre todo, a recibir. 
    El título de este espacio alude a la pícara transformación de la canción patria nacida con los vínculos de la infancia y de la adolescencia, donde sin dudas abundaban las ganas de la presencia del otro para confabular; para "diatribar"; para conciliar y convocar; para asumirse cómplices y salir perdonados por el sólo hecho de quererse, de reconocerse, de sentirse uno a pesar de ser dos; para admitir que ser tres no era multitud y para aprender que el meter la pata sólo se pagaba con un cambio de banco por un par de días. 
   Hoy abundamos en ganas ¿de qué?
   Satisfacer egoísmos y soledades, necesitar básica, vital y móvilmente (jo jo), recoger y desechar, mover y acomodar, son ingredientes inevitables de los vínculos de hoy que, lejos de unir, atar, sujetar, adscribir según reza la definición académica, parece ser (?) que están nacidos para marcar un territorio individual antes que colectivo y es ahí cuando emerge truinfal la canción en su momento más emotivo... con valor, susvín culos rompió...
    No sé el resto (¿me interesa el resto?) pero estoy un poquito cansada de que rompan los culos de esa manera tan básica, tan cruda, tan declaradamente impune. He dicho. O no. Pero ese día viene llegando (by Novarro) 

Silvia C.

ACME (dibus a la hora de la siesta)


Pensarlo es un inevitable viaje a la infancia, allá en la ciudad de Córdoba, con todo lo que ello implica: madre ausente por el trabajo, sombra de padre, hermano mayor a cargo, siestas de locuras, conjuros impronunciables en el techo de la vieja casa, escapadas a Barrio Parque en la bici y luego abandonarlo todo a la hora de los dibus, pero más que nada, a la hora del Coyote.

    La infinita fábrica ACME, cuyo mejor producto fue la imaginación inmensa e inagotable del adorable personaje, fue siempre un misterio, un templo, un agujero en el tiempo, un portal a otros mundos, un espacio donde se podía habitar lejos de gritos, golpes, abusos, silencios, desafectos.

    La mágica y contagiosa canción de presentación ya predisponía para un paréntesis donde lo único que importaba era ser testigo privilegiado de la esperanzada ocasión en la que el correcaminos sería atrapado  finalmente. Pero esto nunca ocurría y una se quedaba con ese sabor de que cada intento había valido la pena y que habría muchos más, seguramente. Por eso es mi ídolo, jamás dejó de perseguir ¿la gloria ni dejar en la memoria de los hombres su canción? Oh dioses!!! comenzó el desvarío, perdón. Ya sabe Ud que la música siempre se cuela entre mis palabras así, sin permiso, sin-vergüenza.

    Esos pasitos en puntas de pie, esos ojitos que miraban de reojo buscando mi complicidad, esas manitos refregándose casi acariciando la gloria, no son imágenes fácilmente olvidables para quien se pasaba un momento perfecto frente a la caja re boba bobeando (y por supuesto!)  pero con la certeza de que su ídolo jamás abandonaría los intentos.

    Juro que lo intenté también. Y con todos los recursos de la imaginación más algunos aditamentos de la realidad. Lo intenté mucho o poco, con pasión o correctamente, pero lo intenté. Un analista diría ¿pero lo intentó lo suficiente? ¡Y a ud qué le importa! sería la respuesta adecuada. Somos dueños de nuestros intentos de la misma manera que de sus intensidades y alcances, ¿le satisface eso como réplica?

    Corre-caminos, que el Coyote te va a comer…

    Sí, lo asumo, huir y esconderse, oh qué novedad!  pero no como en el juego, el que no se escondió se embromó, sino al abrigo de la cueva, al amparo de una imagen (patito-feo, ha dicho ella, la otra Silvia, mmm qué insolente por favor,  no?)

    ¿Acaso la fábrica esconde su mejor invento y aún no ha sido dado a conocer? Las viejas fórmulas se ven disueltas, vencidas o descubiertas y el reactivo es tan efectivo, tan sintético, tan fulminante (espero contar con ud, ha dicho él, hoy... ¿casualidad? no sé... ¿determinante? es probable…)

    ¿Qué pasaría si uno dejara de correr por un rato? La vida no se detendría, lógico, hablo más bien de congelar la escena, imaginar que finalmente el coyote obtiene su trofeo… ¿qué sucedería entonces? ¿Tan terrible podría ser?   Sería el fin de toda ilusión...       

    El ánimo flotaría quizás inesperado, preocupante, desconocido, sorprendente, gratificante, doloroso, complaciente, y seguramente uno se daría cuenta por fin que creció... ¿hacia dónde?

    Ahora bien, ¿coyote o corre-caminos? ¿de quién se huye? ¿a quién se corre? Ah!! los intentos vanos de explicar lo inexplicable o de hacer complicado lo simple o de no ver lo que se tiene ante los ojos. Puesto así, enrevesado y confuso, suena a … no, no podría ser ja.

    Por ahí escribió alguien que siempre se desea recuperar lo perdido en la infancia y he porfiado que no es así, que crecer significa dejar, no recuperar; es reinventar, reemplazar, recrear tal vez. ¿Y si incurriera en el error? Pero ¿y si crecer fuera volver al estado de la niñez, donde la placidez de una caricia calmaba todo dolor, donde la promesa de un caramelo era la magia más poderosa, donde la travesura más impensada nos embriagaba de felicidad a pesar de los retos y castigos?… si de verdad digo, fuera eso… ¿cuándo dejaría de ser adolescente?

    Deseo… dice el genial Pedro Guerra y canta más o menos lo que sigue… Te seguiré hasta el final // te buscaré en todas partes // bajo la luz y las sombras // y en los dibujos del aire // Te seguiré hasta el final // te pediré de rodillas // que te desnudes amor // te mostraré mis heridas // Y con las luces del alba // antes que tú te despiertes // se hará ceniza el deseo // me marcharé para siempre.

...

    Pero y ¿si no deseara marcharme? ¿si por fin recuperé lo perdido? Habré sabido por qué me he vuelto loca… (a buen entendedor)

…

Corre-caminos bip bip el coyote te va a comer…

Silvia C.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

De ofertas y demandas

Qué dúo conceptual... lo que mueve al mundo es sin dudas la ley de la oferta y la demanda, y no hablo únicamente de economías. Dice una bonita canción: “alguna vez no han conjugado bien mis ofertas con tus demandas” pero ¿qué provoca eso? Y me refiero a la provocación en los vínculos actuales, tan modernos, tan digitales, tan mediatizados, tan instantáneos, tan efímeros, tan plurales, tan… ¿vacíos?

Las palabras han tenido siempre la misión creadora, propagadora, abrasadora (sí, de brasa) destructora a veces, devastadora además. Una sola palabra, una palabra diría el genial Varela, es suficiente para comenzar o demoler algo. Hoy se disponen de nuevos medios, que suplen los lugares que algunas vez  fueron de privilegio para la palabra escrita como los anillos de palomas, las botellas de náufragos,  los rollos de reyes analfabetos, las cartas censuradas bajo interminables faldas femeninas, los pergaminos lacrados con sellos no tan reales y también los bolsillos y libros llenos de los deliciosos papelitos doblados mil veces.

Pero la esencia es la misma. Llamar a un otro, a ese otro que no es uno pero en el que se desearía ver la propia imagen y entonces se escribe y se lee  y en ese entramado se tejen imágenes, se mueven piezas, se borran equis de casilleros inútiles, se desarma y sangra (otra alusión ¿vio?) hasta que las palabras dejan de representar aquello para lo que fueron creadas y pasan a ser la excusa, el espejo que no se mira, pues sólo se admira la imagen y ahí es cuando y donde ocurre el desencanto. El otro no es como se lo había creado, no es a imagen y semejanza de las necesidades básicas y vitales, no es el objeto destinado a un deseo insustancialmente consumable y consumible. Pero si no es eso, entonces, ¿qué es? ¿a quién se le escribía?

Grandes amores nacieron mediante epístolas, mucho intercambio ha sido publicado, varios llegaron a la categoría de célebres. Y después se dice por ahí que el correo electrónico reemplazó la antigua costumbre de cartearse y es bien cierto, pues la inmediatez ganó por amplitud pero… esta inmediatez, ¿da lugar al crecimiento de lo que se siente? Si es que se siente, claro…

El fuego fue una gran conquista, sin dudas, pero la palabra fue la más extraordinaria de todas, aún de las futuras conquistas impensadas hoy y que seguramente ocurrirán mañana. La palabra que jamás se pronuncia, la que se repite, la que miente, la que ama, la que provoca, la que calma, la que mata. Todas ellas son una y ninguna, según quién las evoque y para quién…

¿Por qué entonces, de qué manera, qué artilugio provocó que hoy la incomunicación sea tan frecuente? Que no es lo mismo que conectados, atrapados en una red, seducidos por la instantaneidad.

Comunicaciones muy modernas de individuos solitarios o insatisfechos, o ambos tal vez , que me hacen añorar viejos tiempos donde los dobleces de un papelito decían mucho y ni le cuento de los mensajes ocultos detrás de dibujitos y sombras de lágrimas porque lo voy a aburrir...

Silvia C. 


Bajito, vamos tarareando uno a uno los versos que siguen ¿quiere Ud? "Porque en tus ojos están mis alas y está la orilla donde me ahogo", solamente por eso nomás... 


Una Palabra, de Carlos Varela

Una palabra no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo
igual que el viento que esconde el agua
como las flores que esconde el lodo.

Una mirada no dice nada
y al mismo tiempo lo dice todo
como la lluvia sobre tu cara
o el viejo mapa de algún tesoro.
  
Una verdad no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo
como una hoguera que no se apaga
como una piedra que nace polvo.
 
Si un día me faltas no seré nada
y al mismo tiempo lo seré todo
porque en tus ojos están mis alas

y está la orilla donde me ahogo,
porque en tus ojos están mis alas
y está la orilla donde me ahogo.

Cosmos

Los cosmos son estas maravillosas flores que aparecen en marzo aproximadamente, en este lado del mundo al menos, y que eligen lugares especiales para crecer.
No es posible inculcarle a un cosmos [cosmo mmm no me suena] que crezca en tal o cual lugar, ellos eligen, te eligen, se eligen, nos eligen. Y esto se parece mucho a los vínculos, ¿no? La elección que de ellos hacemos, acertada o no, para encontrarnos con la mirada del otro, con las manos del otro, con la voz del otro, con los sueños del otro [o en los sueños del otro?]
    A veces ocurre que un cosmos es único, distinto, ¿distinguible? y, por lógica, se siente ajeno al conjunto, incomunicado, exilado en su savia, apartado en sus pétalos, en una diáspora de polen que nadie comprenderá ni se acercará a contemplar siquiera.
    A todos esos cosmos, dejo algo para que haga ruido en la corriente de pensamientos cotidianos y un aleteo suave delante de los ojos, para que tiente un poquito quizás, y en el parpadeo más inesperado vean que ser distinguibles no es lo mismo que ser diferentes...

Silvia C.

Ahora léalo Ud... a Borges por supuesto:


1964
Jorge Luis Borges  

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.